PODER DE LO ALTO
Llega un momento en la vida de cada creyente, cuando el Espíritu tiene que moverse de una manera que es externa a nosotros. Lo necesitamos para hacer el trabajo que se necesita: Hablar, tocar, liberar. Eso es exactamente lo que sucedió cuando los discípulos no pudieron echar fuera un demonio de una persona que sufría. Jesús les dijo: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (ver Marcos 9:29). En otras palabras, se requiere una completa dependencia de Dios. Tenemos que decir: “No puedo hacer esto en mi propia fuerza. Se necesita la fuerza de Dios”.