TUS BUENAS OBRAS NO TE SALVARÁN
Jesús fue resucitado como nuestra única justicia, nuestra única manera de agradar a Dios.
El Padre dijo de Jesús: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). El apóstol Pablo nos recuerda esto una y otra vez a lo largo de sus epístolas, enseñando que sólo Cristo es nuestra justicia a los ojos de Dios.