LISTOS PARA PERDONAR
Es bien sabido que el Rey David cayó en un pecado horrible, al cometer adulterio y ocultarlo con un homicidio. Además, sabemos que David estaba lleno del Espíritu Santo, así que debe haberse sentido miserable.
El profeta Natán lo confrontó diciendo: “Has traído el reproche en el nombre de Dios”. David solo pudo soportar durante cierto tiempo el peso de los horribles actos que había perpetrado y de inmediato confesó y se arrepintió. Inclusive, mientras lloraba, Natán le aseguró: “También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás” (2 Samuel 12:13).