EL PODER DADO AL PUEBLO DE DIOS
Al comienzo del ministerio público de Jesús, algo notable sucedió en la sinagoga de su ciudad natal de Nazaret. Desempeñándose como el lector designado del pasaje del Antiguo Testamento para ese día de reposo, el Señor leyó estas palabras:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).