HAMBRIENTOS DE LA PALABRA DE DIOS

David Wilkerson

“El gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10). Cuando estas palabras fueron proclamadas, los israelitas acababan de volver del cautiverio en Babilonia. Bajo el mando de Esdras y Nehemías, el pueblo había reconstruido los muros caídos de Jerusalén. Y ahora pusieron su mirada en el restablecimiento del templo y la restauración de la nación.

Nehemías convocó a una reunión especial en la puerta de las Aguas, dentro de los muros reedificados de Jerusalén (ver Nehemías 8:1). Lo primero que se llevó a cabo fue la predicación de la Palabra de Dios. El pueblo había desarrollado hambre de oír la Palabra, de tal forma que no necesitaba que nadie le fuerce a oír. Ellos estaban completamente preparados para sujetarse a la autoridad de la Palabra; querían ser gobernados por ella y que sus vidas sean hechas conforme a su verdad.

Sorprendentemente, Esdras predicó a esta multitud durante cinco o seis horas. ¡Qué escena tan increíble! Creo que sería difícil encontrar un evento así en la iglesia moderna. Sin embargo, la verdadera restauración nunca se llevará a cabo sin este tipo de hambre voraz por la Palabra de Dios.

No te equivoques, en la puerta de las Aguas en Jerusalén, no hubo una predicación elocuente. Esdras no dio un sermón sensacional. Por el contrario, él predicó directamente de las Escrituras, leyendo durante horas, deteniéndose para explicar el significado. Y a medida que la gente oía, su emoción crecía.

En varias ocasiones, Esdras estuvo tan abrumado por lo que acababa de leer, que se detuvo y “bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande” (Nehemías 8:6). La gloria del Señor descendía poderosamente y todo el pueblo levantaba sus manos para alabar a Dios. En arrepentimiento y quebranto, “se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra” (8:6). El pueblo se humilló delante de Dios, en quebrantamiento y arrepentimiento. Entonces, se pusieron de pie para experimentar aún más.

No había manipulación alguna desde el púlpito, tampoco testimonios dramáticos. Ni siquiera había música alguna. Este pueblo solamente tenía un oído para oír todo lo que Dios le decía.

Amados, yo creo que hoy, el Señor desea moverse entre su pueblo de la misma forma. Si queremos ver este tipo de avivamiento y restauración, debemos tener hambre y emoción por las Escrituras, como las tuvo Esdras.