Convirtiendo Tu Ansiedad en Sanidad
Jesús no andaba con rodeos cuando hablaba del temor. Su mensaje central fue: "Yo, no tu miedo, estoy en control".
Jesús no andaba con rodeos cuando hablaba del temor. Su mensaje central fue: "Yo, no tu miedo, estoy en control".
Con suerte, tú sabes un poco acerca de Pedro de los evangelios. Él estaba un poco por delante de la curva cuando se trataba de alardear y discutir sobre quién era el más grande con los otros discípulos. Obviamente, al principio no entendió de qué se trataba Cristo, pero todos somos una obra en progreso.
En Hechos 9, aprendemos de un hombre llamado Saulo de Tarso, uno de los hombres más religiosos que jamás haya existido. Él podía jactarse: “He vivido con toda buena conciencia delante de Dios hasta el día de hoy”. ¿Cuál fue su historia?
Debemos entender de una vez por todas lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. Él quitó para siempre el pecado que nos separaba de Dios; de ahora en adelante, siempre tendremos derecho a entrar en su presencia sin dudarlo. Somos aceptos a los ojos de Dios. ¡No hay una sola cosa en su corazón contra nosotros!
Yo creo que desde la cruz, Dios ha tenido una sola gran intención para su pueblo, y ésta no cambiará hasta que Cristo regrese en gloria. Su intención es que entendamos el misterio del evangelio, revelado primero al apóstol Pablo. “Por revelación [de Dios] me fue declarado el misterio… misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado… por el Espíritu… y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio… ” (Efesios 3:3-9).
No hay nada en el Antiguo Testamento tan fuerte como las advertencias de Pablo contra la afinidad con el mundo.
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:14-16).
El cuidado personal, mental y espiritual es un tema candente. En Instagram, el hashtag: "ámate a ti mismo" se ha utilizado alrededor de 42 millones de veces. Sin embargo, en la cultura moderna, el cuidado personal está ligado a una mentalidad de “yo”. ¿Existe entonces algo así como el amor propio bíblico? ¿Pueden los cristianos practicar el cuidado personal desinteresadamente?
El Nuevo Testamento es la historia de las historias, y todo empieza mal. La mayoría de las historias de aventuras comienzan con la maravillosa “Había una vez”, pero Mateo comienza su libro con una genealogía. ¿Por qué haría eso? La mejor historia jamás contada comienza como una guía telefónica con una larga lista de nombres impronunciables. Sin embargo, esto es importante. Lo que hace que esta lista sea sorprendente es que algunos nombres pertenecen a personas que tuvieron un pasado cuestionable.
Creo que Jesús viene pronto. Vemos al Señor moviéndose de maneras asombrosas alrededor del mundo y los eventos se están moviendo rápidamente hacia el día de su venida.
“Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas… Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre” (Mateo 24:33,36).
Hace más de 150 años, el misionero George Bowen dijo: “Todas las experiencias humanas de los cristianos deben ser puestas a prueba por las Escrituras”.
Esta es una declaración poderosa y nos da una pausa para detenernos y hacernos algunas preguntas. ¿Pasan nuestros miedos cada vez más profundos la prueba de las Escrituras? ¿Pasa nuestra fe vacilante la prueba de las Escrituras? ¿Existe alguna forma de dudar que resista la misma prueba?