Haz Conmigo Como te Plazca
Martín Lutero, en el punto álgido de todas sus pruebas, testificó: “Señor, ahora que me has perdonado todo, haz conmigo como te plazca”. Lutero estaba convencido de que un Dios que pudiera borrar todos sus pecados y salvar su alma ciertamente podría cuidar de su cuerpo físico y sus necesidades materiales.