EL PADRE MÁS AMOROSO
Él no es simplemente el creador omnipotente y el gobernante del universo. Él también es Abba, Padre, el padre más amoroso que cualquiera podría tener como padre.
Él no es simplemente el creador omnipotente y el gobernante del universo. Él también es Abba, Padre, el padre más amoroso que cualquiera podría tener como padre.
Todas tus pruebas están diseñadas para lanzarte a los brazos de Jesús, produciendo en ti el dulce aroma de la confianza y la fe en tu Señor. Tenemos una tendencia a olvidar todas las cosas buenas que Dios ha hecho por nosotros, por lo que es bueno recordar las victorias pasadas y la intervención divina.
Mirando hacia atrás en mi vida, me quedo asombrado al recordar las tristezas, las aguas profundas y los fuegos ardientes que he soportado. Incluso el recuerdo de algunas de estas experiencias es doloroso. Sin embargo, puedo decir con seguridad: “La Palabra de Dios es verdadera. ¡Él me sacó de todas las pruebas y lo alabo!”
Dios ciertamente tiene el poder de guardarnos de todas las aflicciones, pero él permite que pasemos por ciertas cosas. Cada prueba que Dios permite es una inversión que él está haciendo en nosotros, un ejercicio de entrenamiento detrás del cual, hay un propósito divino.
Al mismo tiempo, es cierto que a través de su sangre somos liberados de la esclavitud de la iniquidad, todos nuestros pecados están cubiertos, hay mucha más virtud y valor en la preciosura de su sangre.
Todo creyente sabe que las fuerzas de la oscuridad están dispuestas contra los seguidores de Jesús. Los poderes del enemigo se reúnen alrededor de aquellos que caminan en la autoridad del Espíritu Santo y comienzan a enfrentar dificultades en una nueva dimensión.
Jesús dice: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos” (Mateo 6:11-13).
Cuanto más ames a Jesús, más fácil te será servirlo y obedecerlo. Las opiniones del mundo ya no te preocuparán, porque podrás decir: “¡He oído de mi Padre y estoy haciendo lo que le complace a su corazón!”.
La triste verdad es que los cristianos temen la ira del Padre y su obediencia a él es solamente "legal". No tienen un deseo genuino de complacerlo.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-27).