Abre Mis Labios
Si nuestro corazón arde con el verdadero fuego de Dios, éste nos moverá a crear un fuego de avivamiento en nuestra ciudad.
Si nuestro corazón arde con el verdadero fuego de Dios, éste nos moverá a crear un fuego de avivamiento en nuestra ciudad.
El Dr. Edward Payson, conocido como “Payson, el hombre que oraba”, fue pastor en Portland, Maine, hace casi 200 años. En 1806, pocos años después de la Declaración de Independencia, Estados Unidos fue devastado por una grave depresión. Fue un período oscuro y el Dr. Payson plasmó vívidamente la tragedia en su zona. Escribió:
El salmista David escribe: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmos 51:11). Sabemos que Dios es omnipresente, pero su presencia manifiesta es algo completamente distinto. Es la razón por la que tantos servicios de adoración comienzan con coros que imploran al Espíritu Santo que descienda y haga sentir su presencia. David dice aquí: “Señor, necesito tu presencia, no solo hoy, sino mañana. No quiero que disminuya porque no quiero volver a mi tibieza. Por favor, Dios, no me quites tu Espíritu Santo. Quédate conmigo cuando termine de adorarte”.
Si no tratas con tus dudas, te entregarás a un espíritu de murmuración y queja. Vivirás así y morirás así. Tus dudas no pueden simplemente suprimirse, deben ser arrancadas de raíz.
Mira a Israel tan solo tres días después de su liberación de Egipto. Habían estado cantando, tocando sus panderetas y testificando del poder y la fuerza de un Dios poderoso, gloriándose de que Él los guiaba y protegía. Entonces llegaron a Mara, que significa “aguas de amargura”. Este iba a ser un lugar de prueba para ellos.
“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).
El mundo está lleno de cristianos que no se aferran a la Palabra de Dios. Creen que es inocente sentarse a la mesa en la casa de Dios y murmurar y quejarse, como si Dios no los escuchara. ¡Dios sí escucha nuestras murmuraciones! Son acusaciones de que a él no le importamos; insinuaciones de que él nos ha defraudado.
“Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” (Salmos 137:3-4).
El pueblo de Dios se encontraba en la situación más difícil de su vida. Y mientras eran desterrados, sus captores les pidieron un cántico. Sin embargo, ya no había vida en ellos; solo depresión, desesperación y desesperanza.
Una chispa es temporal, dura solo un breve segundo antes de apagarse. Sin embargo, su propósito es encender algo, iniciarlo. Por ejemplo, se necesita una chispa en una parrilla de gas para encender la llama que cocina. Pero una chispa en sí misma no es fuego; no cocina la carne.
Un verdadero cristiano se somete plenamente a la voluntad de Dios y entrega todos sus planes y deseos a su dirección.
No importa cuán desesperanzada parezca nuestra situación, Jesús quiere ayudarnos en nuestra necesidad.
Debemos dejar de intentar obtener respuestas a nuestras oraciones con nuestras propias fuerzas y confiar en la fuerza de Dios.