Una Salvación Tan Grande
Las obras jamás podrán lograr lo que solo la cruz pudo dar. Las obras verdaderamente santas son el resultado de la gracia de Dios.
Las obras jamás podrán lograr lo que solo la cruz pudo dar. Las obras verdaderamente santas son el resultado de la gracia de Dios.
Este verdadero siervo de Dios no tiene ningún “turbión” arremolinánose en su alma. Él confía plenamente que el Espíritu Santo hará morir sus pecados, y su espíritu es tan libre como un pájaro.
El Espíritu Santo nos advertirá amorosamente y nos guardará del pecado, al menos hasta que ignoremos sus advertencias por mucho tiempo.
Nada entristece más a Cristo que cuando nos resistimos a sus advertencias y rechazamos la convicción de pecado.
Si un hijo de Dios está luchando con el pecado, debemos recurrir a Jesús, quien siempre es más grande y cuya gracia es nuestra fuerza para todo.
Los siervos de Dios en quienes no hay engaño pueden ver, oír y discernir la voz de Dios que les dirige y reconocer claramente los latidos de su corazón.
Los creyentes están llamados a prestar atención al evangelio de la gracia que nos ha hecho libres.
La gracia se concede gratuitamente a aquellos que han muerto a los sentimientos de autoestima y han reconocido lo perdidos que están.
La protesta de la rectitud humana es un hedor delante de Dios porque nace del orgullo.
“Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase” (Lucas 15:25-28).