Cristo Nos Hizo Libres
Piensa en todas estas bendiciones: experimentar la oración íntima con el Señor, leer su maravillosa Palabra y compartir su evangelio con alegría. Todas son prácticas maravillosas que contribuyen a una vida gozosa y plena. Sin embargo, a menudo las convertimos en obras basadas en méritos, convirtiéndolas en labores arduas y obligatorias. Al hacerlo, descuidamos “una salvación tan grande”, una gracia salvadora que no falla. Verás, incluso cuando fallamos, el Nuevo Pacto no falla. Según Pablo, esa verdad debería liberarnos, no esclavizarnos.
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). A lo largo de esta epístola, Pablo pregunta a los creyentes: “¿Por qué querrían volver al Antiguo Pacto de obras? Ese sistema solo los esclavizará de nuevo. Se les ha dado el Nuevo Pacto, que los libera para amar y servir a Dios en perfecta libertad”.
Pablo les insistió mucho a los gálatas, diciendo que el evangelio nos fortalece en el Espíritu mediante la gracia. Aun así, los gálatas seguían intentando vivir el evangelio a través de las obras. Estaban convencidos: “Si hago esto, recibiré una bendición. Si no, recibiré una maldición”. Puede que no lo veamos en nosotros mismos, pero hoy solemos hacer algo similar. Nuestra actitud es: “Haré todo lo posible por obedecer los mandamientos de Dios, y luego él tendrá que bendecirme”.
Dios dice algo diferente a través del Nuevo Pacto. Él declara: “Ya los he bendecido, incluso antes de que intenten obedecer mis mandamientos. También sé que no pueden guardar mi Palabra a la perfección, así que las daré la capacidad para que la guarden mediante mi Espíritu. Mi gracia será el poder detrás de sus obras, no su propia fuerza”.
Este es el corazón del evangelio. ¡Dios lo hace todo! Por lo tanto, cuando se nos dice que “es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (Hebreos 2:1), no significa que debamos prestar mayor atención a la obediencia a las reglas. Más bien, debemos prestar atención al evangelio de la gracia que nos ha liberado.