VALIENTE PARA DIOS
“Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él” (1 Crónicas 11:9).
“Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él” (1 Crónicas 11:9).
"Desde el seno del Seol clamé" (Jonás 2:2). ¿Por qué el Señor llevó a Jonás tan bajo? Estaba en el vientre de un infierno viviente, suspendido en la oscuridad, pendiendo entre la vida y la muerte. ¿Por qué un Dios misericordioso haría que un siervo atraviese esto? Creo que la historia de Jonás nos muestra cómo Dios trata con siervos desobedientes.
¿Cómo pudo tal hombre de oración, como Jonás, alejarse de su llamado y caer en desobediencia? Comienza con un conocimiento parcial e incompleto de la naturaleza de Dios.
A Jonás se le dio una revelación poderosa de la gracia y misericordia de Dios. Él testificó: "Porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal" (Jonás 4:2).
¿Has sido enseñado por Jesús en tu habitación secreta de oración? ¿Le has buscado por cosas que no puedes recibir de los libros ni de los maestros? ¿Te has sentado calladamente en Su presencia, esperando oír Su voz? La Biblia dice que toda la verdad está en Cristo. Y sólo Él puede impartírtela, a través de Su bendito Espíritu Santo.
Los fariseos y saduceos vinieron y le exigieron a Jesús que les mostrase una señal del cielo (ver Mateo 16:1). Jesús respondió: "La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás" (Mateo 16:4). Luego, Jesús reunió a sus discípulos y preguntó: "¿Quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mateo 16:15-16).
Salomón escribió: "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne" (Cantar de los Cantares 2:15). Salomón nos está advirtiendo que a menudo, son los pequeños y persistentes problemas los que nos impiden caminar plenamente en el llamado de Dios a una vida abundante en Él.
Cuando nos acercamos a Dios en oración, debemos saber quién es Él y lo que Él está dispuesto a hacer por nosotros. Debemos saber que Él es nuestro Padre, nuestro proveedor, nuestro libertador y saber que somos perdonados, por lo cual podemos ser embajadores de perdón. Debemos tener una seguridad en nuestros corazones de que Dios es fiel para protegernos de cada arma del mal forjada contra nosotros.
Hay veintenas de ministros bien entrenados hoy en día, hombres altamente respetados de aprendizaje avanzado. Han pasado años en el seminario, estudiando teología, filosofía y ética, y han sido enseñados por maestros dotados, hombres estimados que son expertos en sus campos.
Considere a Cornelio, el centurión. Este hombre no era un predicador o un ministro laico. De hecho, siendo un Gentil, ni siquiera era contado entre el pueblo de Dios. Pero, la Escritura dice que este soldado era "piadoso, y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre" (Hechos 10:2).
Trágicamente, muchos ministros hoy predican sermones sin vida. Sus mensajes no convencen de pecado ni responden al profundo clamor del corazón. Esto es un crimen. Filosofías vacías desparramadas en un tiempo de gran hambre sólo causarán un dolor mayor en los oidores.