Cada generación de cristianos debe realizar un auto análisis para así discernir si su misión y acciones honran a Dios. Continuamente tenemos que preguntarnos: "¿Estamos todavía sirviendo al Señor y al prójimo con fidelidad y sacrificio? ¿O hemos caído en una mentalidad que solo dice "bendíceme"?
Estados Unidos es testigo de un “cristianismo capitalista”. La meta ya no es el crecimiento espiritual, sino la expansión en números, propiedades y finanzas. El juicio de Jesús a la iglesia en Laodicea se aplica a muchas iglesias hoy: “No te das cuenta lo que te ha pasado. Tu ceguera te ha vuelto tibio y ni siquiera lo ves. Aun crees que estás ardiendo por Mí” (ver Apocalipsis 3:15-17).
El problema con la iglesia en Tiatira era un coqueteo con ministerios seductores y diabólicos. Imagínate la reacción del pastor cuando leyó estas palabras: “Escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: "El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego” (Apocalipsis 2:18).
La iglesia de Éfeso, descrita en Apocalipsis 2, había perdido la presencia de Cristo de en medio de ella que una vez poseyeron. Veo un paralelo en el mundo de hoy. Algunas de las personas más duras que he conocido, son las que han trabajado para los departamentos de bienestar y agencias sociales. Estas personas eran trabajadores sinceros y dedicados, pero era demasiado doloroso para ellos enfrentar el sufrimiento que veían diariamente. Lo mismo puede sucederles a los cristianos.
Quizás ahora mismo estés sufriendo una prueba atormentadora. Pero, tú sabes que la razón tras ella no es que Dios está tratando con el pecado en tu vida. Así que, te preguntas: ¿Por qué el Señor está permitiendo que soportes tan horrible dolor?
Juan 6 contiene uno de los pasajes más difíciles para mí en toda la Escritura. Es un texto difícil para los pastores sobre todo porque habla de seguidores que terminan rechazando a Cristo y alejándose. Es una escena en la que multitudes de personas literalmente dejan a Jesús (ver Juan 6:66).
La Biblia pinta un cuadro claro, personal y que nos inspira infinita ternura, recordándonos que “Jehová ha oído la voz de [nuestro] lloro” (Salmo 6:8). Algunas traducciones del texto hebreo explican que "Él lleva la cuenta, o recibe, o conoce cada una de nuestras lágrimas”.
“Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga…al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?” (Juan 6:58-61).
El arrepentimiento era el centro del primer sermón después de la resurrección de Cristo. Pedro le dijo a la multitud reunida en Pentecostés, “Jesús Nazareno,… prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.” (Hechos 2:22-23).
Cuando las personas escucharon esto, cayeron bajo gran convicción. La Palabra predicada remordió sus corazones, porque el Espíritu Santo había llegado en todo su poder. Y según Jesús, esa es precisamente la obra del Espíritu Santo. Él dijo que el Espíritu Santo viene a “[convencer] al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).
Jesús declara, “Mi iglesia es un lugar de arrepentimiento transparente y sin vergüenza”. Ciertamente, el apóstol Pablo testifica: Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:8-11).