EL PRECIO DE LA AUTORIDAD ESPIRITUAL
Convertirnos en el tipo de siervo que camina en la autoridad de Dios nos obliga a estar cara a cara con nuestra conciencia delante de los ojos de nuestro Padre. Cuando estamos delante del Señor, no podemos evitar arrodillarnos en humildad ante su santa presencia.
El apóstol Pablo describe la clase de siervo a quien se otorga tal autoridad: “Renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios” (2 Corintios 4:2).