EL SEÑOR ES EL SALVADOR DE SU PUEBLO
Mientras leo el Antiguo Testamento, encuentro mi fe muy alentada por el ejemplo que David dejó. Estoy impresionado por su determinación en escuchar a Dios en medio de sus tiempos peligrosos.
Mientras leo el Antiguo Testamento, encuentro mi fe muy alentada por el ejemplo que David dejó. Estoy impresionado por su determinación en escuchar a Dios en medio de sus tiempos peligrosos.
Isaías clamó: “¡Señor, Tú eres nuestro Padre y nosotros somos Tu pueblo! Revélate a nosotros y tócanos una vez más” (ver Isaías 64:8-9).
En un tiempo en el que grandes juicios estaban cayendo sobre toda la nación alrededor de él, Isaías declaró tener una doble porción de paz.
El mismo panorama maravilloso que tuvo Isaías durante los tiempos peligrosos de sus días, está disponible también para nosotros hoy. Esta promesa de descanso es aplicable a todo “aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (ver Isaías 26:3).
A pesar de que Isaías fue sobrecogido por lo que vio acontecer en su mundo, la Escritura revela que él gozaba de gran paz. Hubo dos razones para ello:
El apóstol Pablo describe nuestros tiempos cuando escribe: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos…los hombres malos y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:1, 13). Piensa en la década de los noventa, en la que grandes compañías inmobiliarias sedujeron y engañaron a los pobres, a los que no tenían educación y a los desempleados, con préstamos abusivos. Estas personas, sin saber mucho, fueron inducidos a firmar créditos hipotecarios que nunca podrían pagar, y cuando llegaba el momento de pagar, se quedaban sin casas.
No somos nuestros, ¡sino Suyos! Eso comenzó cuando nos convertimos en una nueva creación en Cristo y dejamos de vivir para nosotros mismos. Nuestro testimonio vino a ser: “Estaba perdido, pero fui hallado. Someto mi vida a Él, continuamente”.
Cuando decides seguir a Dios, todo lo que alguna vez tuvo el poder de retenerte debe dejarte ir. ¡Esas son buenas noticias! “Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová” (Génesis 24:50-51).
“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto...te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:2-3).
Me repito a mí mismo estas palabras, a lo largo de mi día: “Yo vivo de cada palabra que sale de la boca de Dios”.
La senda hacia la esperanza es una de sufrimiento y dolor. Sin importar cuan santo, amoroso o bueno seas, si Cristo está en ti, te convertirás en un participante de Sus sufrimientos.
“Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo” (1 Pedro 4:13, énfasis añadido). Pedro nos lo dice claramente: “Regocíjense en su sufrimiento”. Y Pablo añade: “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2).
Pablo confirma nuestra justa posición para con Dios a través de Cristo: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:10-11).
“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13, énfasis añadido).
Según Pablo, cuando se trata el asunto de la esperanza, la obra del Espíritu Santo tiene que ser incluida. Así que, ¿cómo podemos abundar en esperanza, como Pablo oró? ¿Cómo nos podemos regocijar en esperanza? y ¿Cómo podemos obtener la seguridad plena de ello? En la salvación, se siembra una semilla de esperanza, por supuesto, pero durante nuestro caminar con Jesús debe haber una madurez de dicha esperanza.