El Ministerio de Animar
“Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe… si es el de animar a otros, que los anime” (Romanos 12:6, 8, NVI).
“Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe… si es el de animar a otros, que los anime” (Romanos 12:6, 8, NVI).
Dios el Padre designó a su Hijo Jesús para que se convirtiera en nuestro sumo sacerdote en gloria. De hecho, Jesús está en gloria ahora mismo, como hombre y como Dios, en favor nuestro. Está vestido con las vestimentas de un sumo sacerdote y se encuentra ante el Padre intercediendo por nosotros.
“Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
El diablo hace todo lo que está a su alcance para que su voz se escuche en este mundo. En un momento, incluso tuvo la osadía de interrumpir a Jesús mientras el Señor hablaba en la sinagoga: “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno?... Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!” (Marcos 1:23-25).
Cualquier creyente que desee agradar a Dios con su vida de oración debe, en primer lugar, resolver esta pregunta: "¿Dios realmente escucha mis oraciones y responderá?" Si bien ésta parece ser una pregunta simple, una que ni siquiera debería hacerse, la mayoría de cristianos responderían de inmediato: "Sí, por supuesto, creo que Dios contesta mis oraciones". Pero el hecho concreto es que muchos no están completamente convencidos.
“Y será Sarón para habitación de ovejas, y el valle de Acor para majada de vacas, para mi pueblo que me buscó” (Isaías 65:10).
“Tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).
Cuando Jesús habla de entrar a un aposento para buscar al Padre, él está hablando de algo mucho más grande que un lugar físico. Él se refiere a cualquier lugar donde tú puedas estar solo con él en comunión íntima.
Cada vez que oramos, es vital distinguir entre cuatro indicaciones diferentes del Señor. Al hacerlo, podremos tener el tiempo de victoria que necesitamos para poder hacer su voluntad. Para cualquier oración o situación en nuestra vida, necesitamos discernir de cuál de estas cuatro cosas está hablando el Señor:
“Sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hechos 5:15).