La Evidencia de Haber Pasado Tiempo con Jesús

David Wilkerson (1931-2011)

Después de que Pedro y Juan ministraron a un mendigo lisiado afuera de la puerta del templo y el hombre fue sanado, comenzaron a predicar con valentía el arrepentimiento y ministrar a la gente. “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4). Como resultado de su testimonio, Pedro y Juan fueron llevados ante el sumo sacerdote y los ancianos. “Y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” (4:7).

Confianza para Acceder a Dios

David Wilkerson (1931-2011)

“Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:11-12). Los hijos de Dios tienen el derecho y la libertad de irrumpir ante nuestro Señor en cualquier momento, uno de los mayores privilegios jamás otorgados a la humanidad.

Puestos los Ojos en Jesús

David Wilkerson (1931-2011)

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario” (Mateo 14:22-24).

El Gran Ministerio de la Oración

David Wilkerson (1931-2011)

Piensa con qué frecuencia nuestras oraciones se enfocan en nuestras propias necesidades: Nuestro propio crecimiento espiritual y las necesidades de nuestra familia y amigos. Podemos pasar gran parte de nuestro tiempo de oración buscando al Señor acerca de nuestro caminar personal con él: para ser santificados; tener dominio sobre el pecado; recibir dirección para la vida; tener su unción. Y disfrutamos de una dulce comunión con él, adorando en silencio y refrescándonos en su presencia.

El Poder de una Oración Sin Cesar

Gary Wilkerson

En Hechos 12, Pedro fue encarcelado por el rey Herodes. Miles de personas en Jerusalén estaban siendo salvas a través de las poderosas obras de Dios, con reverberaciones en toda la ciudad, y Herodes se sintió amenazado. Por supuesto, cada vez que Dios se mueve sobrenaturalmente a través de su pueblo, el enemigo se enfurece. Satanás ya había incitado a Herodes a matar a Santiago, un líder de la iglesia junto a su hermano Juan y Pedro.

El Peligro de Descuidar la Oración

David Wilkerson (1931-2011)

Los cristianos parecen tener dificultades para orar. Pasan sus días preocupados, angustiados, porque no tienen una respuesta a sus problemas. Hablan con amigos, buscan consejeros, leen libros de autoayuda, escuchan podcasts, casi cualquier cosa para evitar arrodillarse ante Dios. Pero la Palabra es clara en cuanto a que debemos ir a Dios primero: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

Cuidando tu Vida de Oración

David Wilkerson (1931-2011)

Hemos oído hablar de conspiraciones a lo largo de los años, pero sólo hay una conspiración que concierne a nuestro Padre celestial: una estratagema dirigida directamente a los cristianos que están decididos a entrar en la plenitud de Cristo. Esta conspiración está destinada a frustrar el plan de Dios de levantar un ejército de personas santificadas, hombres y mujeres totalmente dedicados al señorío de Jesús en sus vidas. Digamos que es una conspiración de interrupciones.

Bendiciones Más Allá de Nuestro Entendimiento

David Wilkerson (1931-2011)

Una de las frases más escuchadas en la iglesia es: "¡Dios responde la oración!" Sin embargo, eso es sólo la mitad de la verdad. Toda la verdad es, "¡Dios sobrepasa la oración!"

Toma a los hijos de Israel, por ejemplo. Esencialmente, Oseas profetizó a Israel: "Te has apartado pero sigues siendo el pueblo de Dios. Ahora, vuelve al Señor y ora".

Deleitándonos en Dios

David Wilkerson (1931-2011)

La oración que agrada a Dios es muy simple y fácil de entender. Los discípulos le dijeron a Jesús: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11:1). Esta petición refleja un sincero deseo de aprender a orar de una manera que sea agradable al Señor.