ALENTADOS
En Deuteronomio 11 se encuentra Israel en el Río Jordán alistándose para cruzar a la tierra prometida.
En Deuteronomio 11 se encuentra Israel en el Río Jordán alistándose para cruzar a la tierra prometida.
El escritor de Hebreos les dice a sus lectores: “Ya deberían de ser maestros después de tanto tiempo” (Hebreos 5:12, mi parafraseo). Estas son palabras fuertes. ¿A quiénes se está dirigiendo exactamente el escritor aquí? El libro de Hebreos nos muestra que está hablándole a creyentes que han sido bien enseñados en las verdades bíblicas. En otras palabras, aquellos que estaban leyendo su carta habían escuchado prédicas poderosas de muchos ministros ungidos.
Pues bien, en el capítulo 5, el escritor le dice a quienes leen:
“Cuando [Jesús] ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres” (Efesios 4:8, NVI).
¡Piénsalo! Cuando entregamos nuestras vidas a Jesús y a la obra que hizo por nosotros en la cruz, nos dio dones – a cada uno de nosotros. Así que a través de la cruz tenemos acceso no sólo a nuestro perdón o a nuestra justicia o a ser aceptados dentro de la familia de Dios. Estos dones de Jesús a su iglesia son regalos poderosos y asombrosos.
1 Corintios 12:7 habla de las diferentes manifestaciones del Espíritu:
Hace poco, después de una reunión de oración de martes por la noche en el Tabernáculo de Brooklyn, me presentaron a un pastor que estaba de visita con un pequeño grupo de líderes de su iglesia. Le di la bienvenida y le pregunté de dónde era.
"Kentucky", me respondió.
“Eso está muy lejos de Nueva York” – le respondí. "¿Cuánto tiempo estarán aquí?"
"Regresamos esta noche. Salimos al amanecer hoy en la mañana tan solo para estar en la reunión de oración”.
Quedé impactado.
"¿En serio? ¿Todo por un solo servicio?
Algunos meses después del 11-S (9/11), un periódico de la ciudad de Nueva York publicó este título: "CIUDAD DE PÁNICO". El Departamento de Seguridad Interna había advertido que se había descubierto un ataque terrorista planeado; y la alerta de terror se había elevado a código naranja.
TEMORES OCULTOS
Yo sé que la Biblia dice que Satanás ha descendido en estos últimos días con gran ira (ver Apocalipsis 12:12). Pero yo no puedo concebir que Dios permita a Satanás y a sus tropas asaltar libremente a la iglesia sin que el Espíritu Santo venga con mayor poder y manifestación.
La Biblia dice:
Cuando el Espíritu viene como un torrente de lluvia, Él despertará a la novia de Cristo con un clamor. ¿Qué clamará el Espíritu?: “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6)
Trágicamente, el mensaje de la segunda venida de Cristo, casi ha desaparecido de los púlpitos de hoy. Aún en Internet, donde se llenan espacios de mensajes donde se habla de la iglesia, no se escucha ningún sonido acerca de la venida de Cristo. Pero Juan dice que el clamor de la iglesia en los últimos días será:
Yo estoy convencido de que el Señor está tratando de irrumpir en Su pueblo como nunca antes.
“Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera” (Isaías 64:4, énfasis añadido).
¿Quién recibirá este derramamiento prometido? “El que en él espera”. La palabra “espera” aquí significa “atar unos a otros”, “reunir unos con otros”. En este caso, el pueblo de Dios está reunido y está atado el uno al otro, agarrados de una promesa: que Él descenderá con Su presencia y derretirá todos los corazones.
La gloria de Dios ha sido revelada plenamente en Jesús; no tenemos que escondernos en una hendidura de peña como lo hizo Moisés. No tenemos que esperar hasta que salga agua de la roca; los ríos de agua viva fluyen hacia nosotros continuamente desde Su Espíritu que mora en nuestro interior. El favor máximo de Dios no está en las cosas, sino en Su presencia, y Él no nos priva de ella.
Cuando el rey Josafat se vio rodeado de enemigos, la Escritura nos dice que: “Clamó, y Jehová lo ayudó, y…apartó Dios [a sus enemigos] de él” (2 Crónicas 18:31).
Hubo un clamor en el corazón de Josafat: “Oh, Dios, he estado escuchando voces que no debería haber escuchado, y he estado frecuentando a personas que socavaron mi fuerza espiritual. Dios, te pido una vez más, ¿Me permitirías vivir? ¿Lucharías contra mis enemigos y me darías la victoria? ¡Dame una voz para ser capaz de guiar a tu pueblo de nuevo a la justicia! "