UNA VIDA GENEROSA

Gary Wilkerson

A todos nos gusta oír sermones y leer libros acerca de las bendiciones de Dios. Es cierto que Dios tiene una naturaleza generosa y nosotros podemos ser ayudados al aprender más sobre ello. Pero nuestro caminar con Cristo debe movernos de una vida “receptora” a una vida “generosa”. Jesús nos da poder para esta transición, reemplazando nuestro espíritu mundano con su propio Espíritu divino. Él nos dice: “Has sido bendecido por mí y ahora debes dar esas bendiciones a otras personas”.

Esta es una teología gloriosa, pero podría ser la transición más difícil que jamás hayas hecho. Una vida receptora es fácil, una vida generosa es difícil, pero es muy gratificante. Recuerda, Jesús bendijo; Jesús partió; Jesús repartió. A menudo, este proceso se detiene en nosotros después del primer paso, no pasamos más allá de la parte bendecida. No dejamos que nuestras vidas sean quebrantadas delante de Dios, así que nunca llegamos hasta el último paso: dar. Por lo tanto, muchos nunca ven el cumplimiento completo del propósito de Dios en ellos.

Durante el ministerio de Cristo, él realizó muchos actos de dar, pero las multitudes dejaron de seguirle cuando él comenzó a predicar verdades difíciles. Inclusive algunos de los discípulos le dieron la espalda y Jesús les dijo a los doce: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67). Pero Pedro, rápidamente le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (6:68).

Como ves, cuando Jesús pasó de dar a requerir algo de ellos, los discípulos fueron forzados a tomar una decisión. ¿Seguirían a Jesús o volverían a su vieja vida en la que ellos escogían su propia agenda? 

La agenda que Jesús dejó con Pedro, fue un mandato: “Alimenta mis ovejas”. De hecho, él lo dijo tres veces (ver Juan 21:16-17). Él estaba diciendo: “Pedro, mi pueblo necesita ayuda, así que acércate a ellos. Aliméntalos. Entrega tu vida por ellos”.

Jesús le estaba comisionando a Pedro a tener una vida generosa y él nos comisiona exactamente lo mismo.