UNA NUBE DE CONFUSIÓN

David Wilkerson

Me pregunto cuántos cristianos que están leyendo este mensaje ahora mismo, están en una nube de confusión. ¿Esto te describe? Quizás tus oraciones no son contestadas. Estás deprimido constantemente. Enfrentas cosas en tu vida que no puedes explicar. Estás desilusionado con tus circunstancias y con la gente. Y continuamente dudas de ti mismo, estás plagado de preguntas y constantemente examinas tu corazón para ver dónde fallaste. Sientes melancolía, desesperación, indecisión y no puedes sacudirte de ello.

Puede que seas un creyente maduro. Por años te has sentado bajo una predicación del evangelio puro, pero ahora dudas de ti mismo y te sientes inadecuado. No sientes el gozo del Señor como alguna vez lo sentiste. Así que ahora te preguntas si el Señor tiene una controversia contigo.

Déjame preguntarte: ¿Confías en Sus promesas? ¿Abrazas Su preciosa Palabra? ¿Vas a la ofensiva contra Satanás con la Palabra que te predicaron? O, ¿ignoras las fidelidades pasadas del Señor hacia ti? ¿No confías que Él está contigo y en control de todo lo que tiene que ver con tu vida? Si es así, entonces has dado la entrada a las tinieblas.

Jesús describe a la persona que vive en tinieblas, diciendo: “El que anda en tinieblas, no sabe a dónde va” (Juan 12:35). En otras palabras: “Tal persona ha perdido su camino. Sus pasos están confundidos, está indeciso y camina ciego”.

Yo sé cómo es entrar en tal nube de tinieblas. Las cosas se ponen confusas. No puedes escuchar una palabra clara de Dios. Quieres respuestas rápidas, clamando a Dios: “Oh, Señor, no estoy viéndote ni oyéndote como antes”. Terminas pidiéndole que sea más compasivo, que tenga piedad por tu condición. 

Pero la verdad es que el Señor no tiene piedad hacia la incredulidad rotunda. Él se entristece por ella. Él espera que caminemos en la luz que hemos recibido. Debemos confiar en Su Palabra y echar mano de Sus promesas. Cuando volvamos a nuestro conocimiento de Su Palabra y a la convicción del Espíritu Santo, saldremos de dichas tinieblas, ¡pero sólo entonces!