SOSTENIÉNDONOS FIRMEMENTE DEL NUEVO PACTO

Gary Wilkerson

“No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Salmos 89:4). El término “pacto" juega un papel integral en la fe cristiana. Sin embargo, nunca he oído a un predicador o maestro describiendo adecuadamente el significado de "pacto" en la vida de un cristiano. La Biblia misma se divide en dos pactos (o Testamentos), Antiguo y Nuevo. En todo el Antiguo Testamento, Dios hace un pacto después del otro pacto con la humanidad. ¿De qué se trata todos estos pactos? Más importante aún, ¿qué tienen que ver con nosotros hoy?

Un pacto es un acuerdo o compromiso entre dos o más partes, como un contrato. Contiene términos u obligaciones que cada parte debe llevar a cabo para cumplir con el acuerdo. Dichos pactos son jurídicamente vinculantes, y una vez que finalizan, cada parte puede ser penalizada por no cumplir con sus respectivos términos.

En la creación del Nuevo Pacto, Dios proyecta Su asombroso amor por la humanidad. Sin embargo, la iglesia ha sido ciega a esta doctrina increíble durante décadas. Cuando era un joven cristiano, me enseñaron que "la teología del pacto", enfocada en el Nuevo Pacto, era una doctrina licenciosa. La idea predominante era que el Nuevo Pacto era tan maravillosamente liberador, que la gente podría abusar de éste, cayendo en estilos de vida permisivos.

Aun así, cuanto más comprendo el Nuevo Pacto, más estoy convencido de que necesitamos su seguridad en estos peligrosos días finales. Su promesa tiene el poder de liberar, en la iglesia de Dios, toda la fuerza vencedora necesaria para que seamos más que vencedores en cualquier situación.

El Nuevo Pacto es un contrato formal entre el Padre y el Hijo. Y hoy, la semilla de un Israel espiritual, es traída a este pacto por la fe. "Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Hebreos 8:6).

"Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él." (Salmos 89:28).