SOMETIDOS A SEGUIR AL ESPÍRITU SANTO

David Wilkerson

Debemos caminar en sumisión total al Espíritu Santo, tal como Cristo caminó, en absoluta sumisión al Padre. Jesús testificó: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (5:30).

¿Cómo podemos pensar que no tenemos que depender del Padre para todas las cosas, cuando Cristo mismo dijo que Él lo hacía? Como amantes y seguidores de Jesús, ¿nos atrevemos a pensar que podemos hacer lo que nuestro Salvador y Señor no pudo? Jesús esperó en el Padre, siempre buscando tener la mente de Dios.

Si somos honestos, admitiremos que el cielo es a menudo el último lugar al que nos volteamos cuando necesitamos dirección. Casi siempre, corremos a los consejeros o pasamos horas en el teléfono con nuestras amistades, buscando consejo: ¿Qué piensas? ¿Es una buena idea que yo vaya en esta dirección? ¿Crees que lo deba hacer? Tristemente, vamos al Espíritu Santo como nuestra última opción, si es que vamos a Él alguna vez.

En Números 9, leemos sobre una nube que descendía y cubría el tabernáculo en el desierto. Esta nube representaba la constante presencia de Dios con Su pueblo. Y para nosotros, hoy, la nube representa la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Por la noche, la nube sobre el tabernáculo en el desierto se convertía en una columna de fuego, un resplandor cálido en un lugar oscuro: “Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego.” (Números 9:16)

Los hijos de Israel siempre seguían esta nube sobrenatural, como quiera que los dirigiera. Cuando ésta se elevaba sobre el tabernáculo, el pueblo sacaba las estacas de sus tiendas y la seguía. Y dondequiera que la nube se detuviera, el pueblo también se detenía y levantaba sus tiendas. Se movían o se quedaban de acuerdo a su clara dirección.

Los israelitas eran cuidadosos de moverse solamente según la nube se moviera, porque sabían que era la guía provista por Dios. Podría moverse cada día o cada semana, como también podría no moverse por meses. Sin embargo, de día o de noche, el pueblo siempre se movía según la nube los dirigiera (ver Números 9:18-19).