PERMANECIENDO EN LA VID

Gary Wilkerson

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (Juan 15:1).

Cuando Jesús se refiere a Sí mismo como la vid “verdadera”, está hablando de algo más que información precisa. Lo “Verdadero” aquí, implica el mismo sentido que la frase “verdadero amigo” –que significa real, genuino, auténtico, que está a tu lado para apoyarte en realidad.
¿Qué pasa con el labrador, nuestro Padre celestial? Él atiende su jardín amorosa y perfectamente. Es Su trabajo mantener la vida fluyendo a través de nosotros, y se puede confiar en Él para poner las cosas correctas en su sitio para hacerlas crecer. Por lo tanto, si permanecemos en Cristo, unidos a la vid, no tenemos que preocuparnos o estresarnos acerca de nuestras vidas. Se nos ha dado el flujo de vida verdadero de Jesús y somos cariñosamente atendidos por nuestro Padre.

Si estamos injertados en la vid, ¿no deberíamos dar frutos de forma natural? Sabemos que somos salvos y estamos seguros en Cristo y que somos honrados por el amor del Padre. ¿Cómo podría no haber frutos de esto?

Una vez más Jesús suministra la palabra clave: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15: 4). Aquí hay otra frase que activa las alarmas en muchos cristianos: “Si no permanecéis en mí”. Algunos seguidores se vuelven temerosos cuando leen esto. Crean reglas de lo que deben y no deben hacer, que en realidad los cortan de la vida verdadera.

Es cierto que la declaración de Jesús aquí es condicional, lo que significa que tenemos un papel que desempeñar. Pero la otra parte de la ecuación es la siguiente: Jesús permanece en nosotros y su presencia en nosotros es firme, incondicional, inamovible: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Cuando Cristo dice: “si no permanecéis en mí”, no se refiere a nuestra salvación, porque nuestra salvación fue asegurada por Él en la cruz. Él está hablando del fruto del Espíritu en nuestras vidas, nuestro testimonio, nuestro caminar justo, nuestra alegría y paz.