PARA NUESTRA INSTRUCCIÓN

David Wilkerson

El libro entero de Deuteronomio consiste de un solo discurso dado por Moisés, pronunciado justo antes de su muerte. Este discurso era una revisión de los cuarenta años que Israel había estado errante en el desierto y Moisés lo entregó a una nueva generación de israelitas.

En ese tiempo, el pueblo estaba acampado en Cades-barnea, un lugar importante en su historia. Ellos estaban en la frontera de Canaán, la Tierra Prometida, el mismo lugar donde sus padres habían estado parados treinta ocho años antes. También era el lugar donde Dios había impedido a aquella generación su ingreso a la Tierra Prometida. Fueron enviados de vuelta al desierto, a errar sin rumbo hasta que toda la generación murió, excepto Josué y Caleb.

Ahora Moisés estaba recordándoles a esta nueva generación la historia de sus padres. Él quería que ellos supieran exactamente porqué la generación pasada había muerto como rebeldes desesperados a los ojos de Dios. Moisés les urgió a aprender de los errores trágicos de sus padres, diciendo, en tantas palabras:

“Ustedes conocen la historia de sus padres. Ellos eran un pueblo llamado, escogido y ungido por Dios. Pero perdieron la visión. El Señor los amó tanto que los llevó en sus brazos y los cargó, una y otra vez. Sin embargo una y otra vez, ellos murmuraron y se quejaron contra Dios, afligiéndolo”.

“Finalmente, la paciencia de Dios llegó a su fin. Él vio que ellos estaban entregados a la incredulidad y que no había nada que Él pudiera hacer para cambiar su parecer. Ningún milagro que Él haya hecho podría persuadirlos completamente de Su fidelidad y bondad. Sus corazones eran como granito, así que Dios les dijo: “Ninguno de ustedes va entrar a Mi tierra prometida. En lugar de ello, ustedes van a volverse ahora mismo e ir de regreso al desierto”.

¡Qué palabras tan poderosas! Sin embargo, Moisés no sólo estaba hablando a una nueva generación de israelitas. Él también estaba dirigiéndose a cada generación de creyentes que seguiría, incluyéndonos a nosotros hoy. Como todo lo que el Antiguo Testamento registra: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos [instrucción] a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11).