OVEJAS EN LAS MANOS DEL PADRE

David Wilkerson (1931-2011)

“Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio” (Salmos 62:8). Como hijos de Dios, debemos rendirnos a su cuidado en todo. ¡Esta es la verdadera libertad! Enrregarte al cuidado de Dios es un acto de fe. Significa ponerse completamente bajo su poder, sabiduría y misericordia. Y significa ser guiado según su voluntad. Dios promete ser totalmente responsable de nosotros, alimentarnos, vestirnos y refugiarnos, y proteger nuestros corazones de todo mal.

Jesús proveyó el último ejemplo de renuncia santa cuando fue a la cruz. Justo antes de entregar su espíritu, gritó en voz alta: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46). Cristo, literalmente, puso el cuidado de su vida y su futuro eterno bajo la custodia de su Padre. Al hacerlo, él puso las almas de cada una de sus ovejas en las manos del Padre.

Si se nos pide que le confiemos nuestras vidas a alguien, debemos saber que este “alguien” tiene el poder de guardarnos de todo peligro, amenaza y violencia. Pablo testifica: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

Nuestra paz permanente siempre dependerá de nuestra rendición a las manos de Dios, al margen de nuestras circunstancias. El salmista instruye: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4). El deseo de Dios es que tú te ocupes de tus asuntos diarios sin temor ni ansiedad, confiando en su cuidado. Cuanto más rendido estés al cuidado de Dios, más indiferente serás a las condiciones que te rodean.

Tu gran Pastor sabe perfectamente cómo proteger y preservar su rebaño porque él pastorea en amor. Descansa en su poder guardador y no te asustarás por ninguna noticia atemorizante. No intentarás descifrar el siguiente paso porque has confiado tu vida, tu familia y tu futuro en sus manos seguras y amorosas.