MILAGROS PARA EL PUEBLO DE DIOS EN LOS ULTIMOS DÍAS

David Wilkerson

“Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones” (Isaías 25:7).

Aquí tenemos dos profecías maravillosas, y la primera implica a los judíos. El velo al que Isaías se refiere aquí es la ceguera espiritual que ha cubierto los corazones de los judíos desde los tiempos de Moisés. El apóstol Pablo habla largamente de esta ceguera:

"Cuando [ellos] se conviertan al Señor, el velo se quitará" (2 Corintios 3:16). "ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles…Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad" (Romanos 11:25-26).

Pablo creía lo que Isaías profetizó sobre Israel: que el Libertador quitaría su velo de ceguera. Un remanente judío se iba a volver al Señor y obtendría Su misericordia (Ver 11:30). Amados, esta profecía se está cumpliendo ahora mismo. En todo el mundo, los ojos de los judíos se están abriendo a Cristo. Una revista secular reporta que los judíos ahora le están dando una nueva mirada a Jesús. Eso es todo lo que se necesita, una sola mirada.

Pero la profecía de Isaías también tiene otro significado que tiene que ver con tu núcleo familiar. Se aplica a cada cónyuge, cada niño, cada miembro de la familia que tiene un velo de ceguera espiritual que Satanás ha puesto sobre ellos. Recibo muchas cartas de padres que relatan que sus hijos están cegados por el enemigo. Criaron a sus jóvenes en un ambiente cristiano, pero ahora están confundidos y desconcertados, diciendo: "No entiendo lo que sucedió. Ellos simplemente no creen. Nada de lo que digo penetra”.

Pablo dice que el dios de este mundo ha cegado a estos jóvenes. Han perdido la fe porque el enemigo les ha bloqueado la luz del evangelio. Por lo tanto, no vale la pena que un padre busque una razón más profunda detrás de esto, todo es obra de Satanás. Él quiere mantener a esa criatura atada, confundida y en pecado. El problema va más allá de consejería, predicación o estrategias de crianza. Simple y sencillamente, se va a necesitar de un milagro.

Nuestra batalla debe tomar lugar en el Espíritu. Después de todo, estamos en contra del espíritu del dios de este mundo. Y ese espíritu malvado es afectado solamente por nuestro banquete en la montaña. Se requerirá de la presencia de Cristo en nuestras vidas tal como nunca la hemos conocimos hasta ahora. Solo la realidad manifestada de Jesús derretirá la esclavitud de Satanás como cera, haciéndolo impotente contra nuestros seres queridos.