EL PUNTO DE QUIEBRE

David Wilkerson (1931-2011)

Un número creciente de cristianos está en el punto de quiebre. Los jóvenes, en especial, se dan por vencidos en derrota. Sienten que no pueden estar a la altura de la imagen de un cristiano feliz, despreocupado, rico, exitoso y siempre positivo. Su mundo no es tan idealista. Viven con una intensa presión de sus compañeros, angustia, constantes crisis y terribles problemas familiares. Sus amigos están atrapados por las drogas y muchos se suicidan. Miran hacia el futuro incierto, asustados y preocupados; la soledad, el temor y la depresión los acosan a diario.

Incluso los afamados predicadores y las personalidades de renombre sufren momentos de depresión y las mismas dolencias las encontramos en cualquier cristiano normal, a veces sintiéndose como un fracaso y deseando rendirse. Pablo habló acerca de una “tribulación que nos sobrevino… fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8).

En ese momento, cuando las paredes parecen desplomarse y el techo parece colapsar, cuando todo parece desmoronarse y el pecado exige una mano superior, surge una voz interior que clama: “Aléjate de todo. No tienes porqué aguantar esto”. El rey David se sintió abrumado por la maldad en su corazón y clamó: “Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?” (Salmos 44:23-24).

¿Cómo puedes aprender a mantenerte y vivir un día a la vez? Puedes comenzar por olvidar todos los atajos y las curas mágicas. Como cristiano, no necesitas expulsar a un supuesto demonio de desesperación; Satanás siempre estará aquí, engañando, acusando y tratando de robarte la fe. Pero hay dos maravillosos absolutos de los que puedes estar seguro:

  • ¡Dios realmente te ama!
  • Es tu fe la que más agrada a Dios.

Dios quiere sobremanera que confiemos en él. “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3). Es posible que no entiendas por qué Dios tarda tanto tiempo en intervenir a favor tuyo, pero puedes estar seguro de una cosa: Él guardará su palabra para contigo.