Una Fe que Justifica

David Wilkerson

La justificación y la justicia vienen solo por la fe. Soy salvo por la fe, hecho justo por la fe y guardado por la fe en la sangre de Cristo. Ese es el fundamento mismo del evangelio. Sin embargo, no toda fe justifica. La Biblia habla claramente de dos tipos de fe: una que justifica y otra que no tiene valor, una fe que incluso el diablo ejerce.

El libro de los Hechos registra que Simón el mago “creyó”, pero su fe no era del tipo que justificaba. “También creyó Simón mismo, y… habiéndose bautizado” (Hechos 8:13). Simón le ofreció dinero al apóstol Pedro para adquirir el poder del Espíritu Santo, pero Pedro respondió: “porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás” (Hechos 8:23). Estaba diciendo: “Simón, tu corazón todavía está atado por el pecado”.

Pedro le dijo a Simón que, sin arrepentimiento, tanto él como su dinero perecerían. Simón sí creyó, pero no fue creado en la justicia de Dios en Cristo. Su fe no era la fe que justifica, la que purifica el corazón y trae la justicia de Cristo.

La Escritura dice que “muchos creyeron [en Jesús]… viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos… pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:23-25). Estas personas creyeron en Cristo, pero no fue la fe de aquellos a quienes “les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

La fe que justifica es más que una fe de asentimiento; va más allá de simplemente reconocer a Dios. Santiago argumentó: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). Santiago se refería a una fe muerta y temporal, no eterna. Jesús advirtió sobre este tipo de fe, diciendo que algunos creen “pero estos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan” (Lucas 8:13).

Por otro lado, existe una fe que justifica, la que «purifica el corazón» (ver Hechos 15:9) y la que «cree para justicia» (Romanos 10:10). Para que la fe sea una que justifica, debe ir acompañada de un deseo de obedecer y ser fiel a Dios. Esta clase de fe contiene una fuerza vital, un principio de obediencia eterna y amor a Dios.

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