Una Buena Palabra para Ti
Nuestro Señor tiene un plan maravilloso para cada hijo que lo ama, y ningún ataque satánico contra sus hijos podrá alterar jamás esos planes. Dios conoce las tristezas, las luchas y el dolor que podamos estar enfrentando hoy; pero también conoce las cosas gloriosas que nos tiene preparadas. Él conoce la revelación que recibiremos, la utilidad que disfrutaremos, el fruto que veremos, el gozo y la paz que poseeremos. Él tiene una "buena palabra" para todos los que lo aman.
“Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10). El Señor desea mostrarnos su “buena palabra” sobre lo que ha preparado para nosotros, y su Espíritu es el mensajero que la lleva. El Espíritu Santo dará alas a nuestros espíritus decaídos con la revelación de Dios, ¡y volaremos como águilas para escapar de la trampa de Satanás!
Escucha estas maravillosas palabras de Isaías:
”¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:28-31).
La obra del Espíritu Santo es animarnos, y nuestra obra es simplemente confiar en que él cumplirá lo que el Padre le ha enviado a hacer.
Ve a tu lugar secreto ahora mismo, incluso en tu estado de desánimo, y aquiétate ante el Señor. Aunque no tengas fuerzas para hablar, puedes acercarte a Él en espíritu con esta oración: “Señor, yo sé que tu Espíritu mora en mí; y sé que lo has enviado para consolarme, fortalecerme y revelarme la mente de Cristo. Por eso recurro a ti ahora mismo con una fe sencilla y de niño. Consuélame el corazón porque ya no tengo fuerzas. Levántame y guíame”.
No vas a desmayar. Saldrás victorioso de tu prueba porque tu fe habrá sido probada como el oro. ¡Verás al Señor cumplir cada promesa que te ha hecho!