Tomando En Serio la Palabra de Dios
“Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo” (Génesis 18:20).
A todos nos encanta escuchar acerca de la misericordia, la gracia y la paciencia de Dios, pero no queremos enfrentar el hecho de que algún día Dios vendrá contra todo lo que es de Sodoma.
Dios le reveló su naturaleza a Moisés de esta manera: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” (Éxodo 34:6-7a).
En la frase siguiente, Dios añadió: “de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:7b). El Señor estaba diciendo: “No me haré el ciego ante el pecado. Sí, soy misericordioso y paciente, pero el momento llegará en que mi paciencia con tu pecado terminará. Entonces arderá Sodoma”.
Dos ángeles vinieron a Lot y le advirtieron: “Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad” (Génesis 19:15).
Al parecer, Lot no tomó en serio esta advertencia, porque se quedó dormido a la mañana siguiente y los ángeles tuvieron que despertarlo. Sus yernos debieron pensar: “Si realmente creyera en la advertencia, ya se estaría saliendo de aquí. Él no la cree, así que ¿por qué deberíamos creerla nosotros?”.
Esto debería ser una lección para todos nosotros. Necesitamos vivir como si Cristo estuviera a punto de regresar para que los demás escuchen nuestro testimonio.
Yo creo en lo que se llama “ultimátum divino”, momentos en los que el Espíritu Santo sabe que tu pecado está a punto de llevarte a la ruina. El Señor viene a ti y te dice: “Yo soy el Dios de la gracia y quiero librarte de esto. Ahora, apártate de tu pecado. ¡Obedece mi Palabra!”.
Estos ultimátums se encuentran en toda la Biblia. No importa cuánto ores o ayunes o cuán fiel seas al hacer la obra de Dios; si no crees que Dios se ocupará seriamente de tu pecado, ¡estás engañado!