Todo lo que Necesitas
En cierto momento de mi vida, experimenté un ataque de desánimo particularmente fuerte. Ocurrió cuando estaba más cerca de Jesús que en cualquier otro momento. Una mañana, mientras preparaba un sermón, me invadió una intensa desesperación. Surgió de la nada, abrumando mi sermón. Por mucho que lo intentara, no podía librarme de ella.
Sentado en mi escritorio con la Biblia abierta, intenté seguir trabajando en el sermón, pero no logré nada. De repente, me asaltaron dudas sobre mi capacidad para construir un mensaje verdadero del Señor. Mi mente se inundó de pensamientos horribles que me decían: ”No entiendes los escritos de Pablo. No has comprendido los conceptos del “viejo hombre” y el “nuevo hombre”. No comprendes el “morir al pecado” cuando el pecado aún existe. ¿Cómo te atreves a presumir de predicar la Palabra de Dios?“.
Estuve sentado allí durante tres horas, decidido a encontrar un mensaje, pero no encontré nada. A media mañana, todas las palabras de mi Biblia parecían mezclarse. Mi mente estaba confundida y mi espíritu embotado, incapaz de oír nada del Señor.
Me hundí aún más en la desesperación y me convencí de que no tenía nada que darles a los miembros de nuestra iglesia. Así que cerré la Biblia y salí de mi estudio.
Mientras caminaba por la casa, mi desánimo solo crecía. Finalmente, entré en mi cuarto de oración y me senté en el suelo. Clamé: “Señor, no sé qué hacer. Me siento tan desanimado que ni siquiera puedo acercarme a ti. Por favor, ayúdame”.
Cuando el diablo viene con su espíritu de desánimo, te bombardea con una mentira tras otra. Para cuando termina, lloras: “¡Oh, Dios, nunca lo lograré!”
Esto es precisamente lo que el diablo me hizo. Mientras oraba, soporté su bombardeo de mentiras infernales durante media hora. Entonces, la voz apacible y delicada de Dios irrumpió en mi espíritu con estas palabras amorosas y compasivas: “David, tú eres muy amado. No te preocupes, mi mano está sobre ti. Estás bajo un ataque severo, pero no temas. No necesitas ninguna fuerza propia para esta batalla. ¡Yo tengo todo lo que necesitas!“
“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo lo amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:20-21).