La Certeza del Amor de Dios
“Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle” (Génesis 37:18).
¡Qué paso tan trágico es dudar del amor de un padre y tomar el asunto en nuestras propias manos! Lo primero que cambió en los hermanos de José después de que comenzaron a dudar del amor de su padre fue la forma en que hablaban. Escúchalos: “Vengan, matémoslo. No, arrojémoslo a una cisterna. Mejor aún, vendámoslo a los ismaelitas y ganemos un poco de dinero”. Sus corazones se llenaron de desprecio y traición. De sus corazones corruptos brotó un torrente de palabras malvadas, el lenguaje del mundo.
El lenguaje impío es una señal segura de un corazón endurecido. Los hermanos de José se volvieron insensibles al pecado, y su conversación corrupta los llevó a una conducta criminal. Primero, hablaron como los malvados, y luego comenzaron a actuar como ellos. En poco tiempo, se convirtieron en criminales fríos y calculadores. No solo pecaron, sino que lo encubrieron y luego se dedicaron a cuidar ovejas como si nada hubiera sucedido.
¡Qué corruptos e insensibles podemos llegar a ser cuando dudamos del amor de nuestro Padre! El profeta Malaquías advirtió a los hijos de Israel sobre la dureza de sus corazones. Al igual que los hermanos de José, los israelitas habían caído presa de la duda y se habían vuelto insensibles a su pecado. El libro de Malaquías comienza así: “Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste?” (Malaquías 1:1-2). ¡Increíble! Se atrevieron a decirle a Dios: “No vemos ninguna evidencia en nuestras vidas de que nos ames o te preocupes por nosotros”.
Muéstrame un cristiano que empieza a dudar del amor de Dios y decide tomar el asunto en sus propias manos, y te mostraré un cristiano cuya conversación se ha corrompido. Cuanto más dude, más impía se volverá su forma de hablar.
La manera en que hablan algunos cristianos es absolutamente chocante. Antes, hablaban con reverencia y asombro, pronunciando palabras de fe y gozo. Antes, hablaban suavemente, con un discurso edificante. Ahora, hablan con dureza, irreverentemente. Sus palabras delatan lo que hay en sus corazones: miedo, incredulidad y desesperación. Amados, desechen todos los pensamientos malos y de incredulidad. No sigan dudando del gran amor que Dios tiene por ustedes. ¡Abracen la certeza del amor de su Padre!