Su Santidad es Nuestra
Cuando hablo de confianza total en Cristo, me refiero no solo a su poder salvador sino también a su poder guardador. Tenemos que confiar en que su Espíritu nos guardará y nos capacitará para conformarnos a la semejanza de Jesús.
Piensa en tu propio testimonio. En un tiempo, estabas alejado de Dios por tus malas obras. ¿Qué buena obra hiciste para arreglar las cosas con él? ¡Ninguna! Nadie ha sido capaz jamás de salvarse a sí mismo.
Del mismo modo, nadie ha sido capaz jamás de hacerse o mantenerse santo a sí mismo. Somos introducidos en la santidad de Cristo diariamente solo por la fe, al confiar en lo que dice la Palabra de Dios: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15).
“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe” (Colosenses 1:21-23).
Nota la frase: “si en verdad permanecéis... en la fe”. Jesús está diciendo: “Continúen confiando en mí, viviendo por la fe. Yo los presentaré limpios, sin falta y santos ante el Padre”.
No hay grados de santidad, solo grados de madurez en Cristo. Es una locura medirte con alguien a quien imaginas como alguien “santo”. Todos somos medidos por una sola norma: la santidad de Cristo. Si estamos en él, su santidad es nuestra en igual medida.
Nunca más debes mirar a otro cristiano y decir: “Oh, ojalá yo fuera tan santo como él”. Puede que no tengas la disciplina de esa persona o su vida de oración; puede que luches más a menudo y cometas más errores que él. Pero él no es más aceptado por el Padre de lo que lo eres tú. ¡No debes compararte con nadie, porque nadie es más amado ante los ojos del Padre que tú!
Amados, dejen de lado toda confianza en la carne y hagan esta declaración: “Reclamo mi santidad, la cual es en Cristo Jesús. Soy parte de su cuerpo, y mi Padre me ve como santo porque permanezco en él”.