Su Océano de Misericordia
Recientemente, el Espíritu Santo me dio una palabra inusual, una que yo no quería oír. Él dijo: “Estás atado a una visión muy limitada del océano de tiernas y amorosas misericordias del Señor. Has soportado mucha culpa, condenación y temor porque no has permitido que el Espíritu Santo te revele la inmensidad de mis misericordias perdonadoras, sanadoras y reconciliadoras. ¡Tú no me conoces por mi ternura!”.
Dios me mostró que esta es la raíz del porqué muchos se dan por vencidos y se alejan. Cuando el pecado ataca y Satanás invade como un torrente, cuando caes en algún viejo hábito o pecado, el diablo crea una atadura. Primero, la culpa te inunda. Después, el miedo te llena el corazón. Una sensación de fracaso total e impotencia te abruma. En este punto, la mayoría de los creyentes se quedan sin gracia porque su visión de la misericordia de Dios es muy limitada.
Satanás viene a ti y te dice: “Has llegado a tu límite. Has confesado tu pecado una y otra vez. Dios no te perdonará ahora. Si vuelves a confesarlo una vez más, volverás a pecar. Así que, abandona ya”.
El diablo no quiere que veas el vasto océano de misericordia de Dios. Por nuestra ignorancia del poder perdonador y restaurador del amor de Cristo, estamos destruidos. Nos quedamos sin misericordia para nosotros mismos porque estamos terriblemente atados a una visión limitada. Nuestros ojos aún no se han abierto a las infinitas misericordias de nuestro tierno Padre.
Estamos tan atados a una visión falsa y limitada de sus misericordias que nos resulta casi imposible creer o aceptar lo que dijo Santiago: “habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). Este versículo significa que Dios se duele fácilmente ante nuestros problemas y heridas. Él comprende nuestro dolor y nuestras fallas, y es bondadoso y compasivo con nosotros. Él nos amó incluso cuando éramos sus enemigos. Incluso cuando lo ofendemos, él está dispuesto a ayudarnos, restaurarnos y perdonarnos.
La palabra misericordia significa “trato bondadoso y compasivo hacia un ofensor bajo nuestro poder”. Dios tiene el poder de condenarnos al infierno cada vez que pecamos; él nos tiene bajo su control y puede hacer con nosotros lo que le plazca. Sin embargo, a su tierno corazón le complace ser compasivo, amoroso y bondadoso con quienes más le han fallado.