Simple Obediencia

Gary Wilkerson

Quiero analizar un aspecto de las bodas de Caná que a menudo se pasa por alto. María, la madre de Cristo, vio que se había acabado el vino. Dirigió a los sirvientes hacia su Hijo y les dijo: “Haced todo lo que [él] os dijere” (Juan 2:5).

Para muchos de nosotros, la llenura del Espíritu de Dios puede ocurrir en nuestro lugar de oración o en nuestro círculo de compañerismo. Sin embargo, muchos cristianos serán llenos solo cuando comiencen a obedecer con sinceridad los claros mandatos de Dios.

Estoy convencido de que el complejo que restringe a muchos creyentes es una actitud indiferente hacia la Palabra de Dios y su voz en sus corazones. Al descuidar su dirección para sus vidas, especialmente en lo que respecta a sus santos propósitos, se les roba fácilmente la libertad y la confianza.

Hace años, hablaba con un joven cristiano soltero que me contó que había decidido mudarse con una pareja que estaba e convivencia. Lo desafié, diciéndole: “Ese no parece un ambiente muy saludable para ti”. En efecto, él respondió: “Siento que es una situación segura. No creo que Dios se enoje conmigo por hacerlo”. Lo dijo no con fe, como si lo creyera, sino como si fuera un adolescente que se escapa de casa.

Finalmente, la pareja no casada se separó, y pronto el joven cristiano se involucró románticamente con la mujer, enredándose sexualmente en una relación problemática. Cuento esta historia no con ánimo de juzgar, sino como una simple ilustración: la mejor manera de ser llenos del Espíritu de Dios es simplemente escuchar su voz y obedecer sus mandatos. Hacerlo nos brinda paz, seguridad y alegría. Nos permite hablar por Dios con autoridad. Como María les dijo a los sirvientes en la boda: “¡Hagan todo lo que él les diga!“.

Podemos correr al altar buscando el vino del Espíritu de Dios, pero para muchos la respuesta reside en la simple obediencia.

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