Regateando con el Pecado
“Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos” (Génesis 19:5).
Por fin llegó el día del ajuste de cuentas de Lot. Una turba de hombres sodomitas rodeaba su casa, golpeaban la puerta y gritaban obscenidades. Exigían que Lot enviara a los dos ángeles que se alojaban allí para que pudieran violarlos.
¡Qué escena más horrible! Sin embargo, la reacción de Lot fue tratar de llegar a un acuerdo con los hombres. Parece que Lot era juez en Sodoma porque se sentaba a las puertas de la ciudad. Tenía una reputación que proteger, así que trató de regatear con la multitud. Incluso llegó al punto de llamarlos “hermanos”, demostrando que había tomado el pecado de Sodoma demasiado a la ligera.
“Hermanos míos, que no hagáis tal maldad. He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada (Génesis 19:7-8).
Tal vez Lot pensó: “Estos hombres son sodomitas fiesteros que buscan satisfacer sus lujurias pervertidas. No son una amenaza para las mujeres. Si dejo que mis hijas salgan, volverán a casa mañana por la mañana ilesas”.
¡Qué insensatez! Incluso si eso fuera cierto, Lot habría tratado de reemplazar un pecado por otro. Es imposible negociar con la lujuria. Lot, un ejemplo de lo que el pecado oculto puede hacerle a un hombre justo, claramente estaba engañado. Su pecado había producido en él una condición tan peligrosa que lo dejaría todo, incluso a su amada familia, para salvar las apariencias. Este hombre no estaba listo para enfrentar la realidad. Estaba alargando su momento de ajuste de cuentas, todavía regateando, tratando de retrasar la liberación de Dios en su vida.
Amados, esa es la actitud de muchos cristianos hoy en día. Se convencen a sí mismos de que “mi Dios es un Dios de misericordia. Me libró de mi pecado antes y lo hará de nuevo”.
¡No! Dios te está diciendo a través de este pasaje: “No más regateos. No más intercambios de un pecado más leve por uno más grave. ¡Todo tiene que desaparecer!”