Provisión por Causa de la Obediencia
Dios le ordenó al profeta Elías que profetizara que se avecinaba una hambruna en la tierra. Ese no es un ministerio que lo haga muy popular, pero Elías fue obediente. El Señor lo protegió y lo envió a un lugar junto a un arroyo llamado Querit. Después de un tiempo, el arroyo se secó y el agua de Elías se agotó (ver 1 Reyes 17:3-7).
“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1 Reyes 17:8-9). Elías, quien parecía tener muy pocos recursos, confió y obedeció a Dios; sin embargo, fue enviado a una viuda pobre.
“Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña” (1 Reyes 17:10).
Elías le pidió una jarra de agua y un bocado de pan, y ella respondió: “Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir” (1 Reyes 17:12).
Esta viuda le respondía desde su dolor. Ella y su hijo se morían de hambre, y Elías había venido y le había dicho: “Dios me envió aquí para que me alimentes”. Ella ve sus recursos y piensa: “¡Esto es imposible!”.
La respuesta de Elías fue bastante extraña: “No tengas temor; ve, haz como has dicho” (1 Reyes 17:13).
¿Por qué diría eso? Porque sabía que Dios no abandonaría a esta mujer ni a su hijo. Elías sabía que, si ella obedecía a Dios y bendecía a otros con lo poco que tenía, ella también sería bendecida. Cuanto más daba, más aumentaba Dios lo que tenía (ver 1 Reyes 17:14-16).
Amigo, cuando obedeces a Dios, las ventanas de los cielos se abren. Dios no te negará su mano. Él anhela derramar sus bendiciones para mostrarte su favor.