¡Sigue Adelante!
El apóstol Pablo no se inmutó cuando se produjo el desastre. Considera esta escena:
“Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla” (Hechos 27:21-26).
No sé respecto a ti, pero a mí me costaría mucho oír esta palabra. ¿Mi barco está a punto de estrellarse? ¡Ay, Dios! ¿Qué está pasando aquí?
¿Qué harías si te dijeran que tu barco se hundirá? ¿Cómo reaccionarías si circunstancias ajenas a tu voluntad amenazaran tu llamado?
Muchos de nosotros tendríamos una crisis de identidad porque nuestra identidad está envuelta en nuestro llamado, ya sea que ese llamado sea nuestra familia, nuestro trabajo o incluso nuestro ministerio. Nuestro barco puede ser nuestra casa, un auto nuevo, el éxito de nuestros hijos en los deportes o cien o más cosas más. Deberíamos agradecer a Dios por los barcos que hay en nuestras vidas, pero no son iguales a Cristo y a las personas a las que Él nos ha llamado a servir.
Nuestra identidad no puede estar en nada más que en Cristo.
Pablo lo sabía, y aunque su barco se partía en mil pedazos, él nunca apartó la vista de su llamado, que era Cristo. Pablo estuvo tranquilo durante la tormenta porque estaba preocupado por todos los que estaban a bordo y tenía la seguridad de Dios de que todos se salvarían. El barco de alguien estaba a punto de hundirse, pero Pablo los animó a todos: “¡Sigamos adelante!”.
Amigo, si Dios te ha llamado a algo, no importan las tormentas que puedan surgir. Cuando todo parece estar fuera de control, Dios está al mando. Él no ha terminado. ¡Sigue el llamado de Cristo!