Pequeñas Cosas
La concentración intensa es un talento de la famosa familia Wallenda. Son equilibristas que se remontan a siete generaciones. Nik Wallenda contribuyó a la leyenda de su familia al caminar sobre una cuerda floja, sin seguridad, a través de un desfiladero en el Gran Cañón.
Ese día el viento era fuerte y Nik no estaba seguro del suceso. Sin embargo, una vez que tomó una decisión, tuvo un enfoque similar al de un láser. Salió de su habitación con una expresión que inspiraba asombro. Todos los medios guardaron silencio y las cámaras enfocaron el rostro de Nik. Cada una de sus respiraciones estaba sincronizada con su tarea, y los vientos que soplaban ese día no rivalizaban con su concentración. Con el palo en la mano, avanzó hacia la alambrada y cruzó todo el desfiladero, sin distraerse ni un instante.
El enfoque de Nik Wallenda era literalmente una cuestión de vida o muerte. Nosotros, los que confiamos en Jesucristo, tenemos un llamado aún más elevado, pero ¿tenemos un enfoque de rayo láser? ¿Con qué frecuencia nuestras distracciones se han convertido en días, meses e incluso años de divagación y mediocridad?
Salomón escribió: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne” (Cantares de los Cantares 2:15). Salomón advierte que muchas veces son los pequeños y molestos problemas los que nos impiden caminar plenamente en el llamado de Dios a la vida abundante en él.
¿Recuerdas cuando le diste tu vida a Jesús? Como otros nuevos cristianos, tal vez tu corazón estaba lleno de propósito. Experimentaste el amor sanador de Dios y anhelaste compartirlo con los demás, evangelizando, reconciliando y sirviendo. A medida que avanzaste en esta nueva vida, comenzaste a discernir mejor tu papel en el reino de Dios y tus dones para servirle. Tal vez incluso sentiste un llamado a algún tipo de ministerio.
Más tarde, sin embargo, notaste que sucedía algo peculiar. Casi a diario, tu enfoque singular en Jesús fue desplazado por otras demandas. Aparecieron pequeñas cosas que captaron tu atención y te distrajeron de modo que poco a poco perdiste tu enfoque en Cristo.
Mi padre, David Wilkerson, estaba muy familiarizado con este aspecto de la vida cristiana. Estaba decidido a tener una vida íntima con Dios a través de la oración, y nada podía interrumpirla. Cada uno de nosotros debe tener la misma determinación de estar con nuestro Salvador y oír su voz. ¡Haz tiempo para Dios todos los días, querido creyente! Su corazón es reunirse contigo, así que decídete a dedicar tiempo a él.