No Vuelvas a Egipto
Abraham realizó hazañas asombrosas mientras Dios lo guiaba hacia la plenitud de su bendición. Sin embargo, cuando las circunstancias se complicaron, Abraham perdió de vista la gloria de Dios. En lugar de ello, recurrió a sus propios recursos. “Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra” (Génesis 12:10).
La historia deja claro que Egipto era el último lugar al que Abraham debería haber ido. En el camino puso en peligro a su esposa; la perdió a manos de un rey hostil durante un tiempo, y mintió y manipuló las cosas para salvarse. Este hombre había confiado plenamente en Dios hasta ese momento, entonces, ¿por qué no confió en que Dios lo ayudaría a superar su dificultad?
Quizás algo similar ocurre en tus crisis. Cuando la vida se pone difícil, en tus finanzas, tu salud, tu familia, ¿mantienes la mirada fija en la gloria de Dios en medio de todo? Si alguna vez has “ido a Egipto” en busca de ayuda en momentos así, sabes lo inútil que puede ser ese esfuerzo. A menudo, esto complica el problema, añadiendo vergüenza y desesperación a nuestras cargas.
Mi punto es este: Nuestra separación del mundo no se produce por nuestros esfuerzos ni habilidades. Se produce por una revelación de Dios, y su gloria permanece con nosotros incluso en los momentos difíciles. Consideremos al profeta Isaías. Cuando él entró en el templo, vio la gloria de Dios. “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo” (Isaías 6:1). Aquella visión santa hizo que Isaías se postrara rostro en tierra con humilde asombro. “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:5).
En ese momento, Isaías reconoció la separación de Dios. El Señor le dijo: “Te he apartado para mis propósitos santos. Te envío a predicar mi Palabra a un pueblo perverso. Se resistirán a ti, pero tú podrás soportarlo porque has visto mi gloria”.
Al igual que Isaías, nosotros no “iremos a Egipto” cuando lleguen los momentos difíciles o el mundo se vuelva contra nosotros, si hemos comprendido verdaderamente la naturaleza del Dios que nos ha llamado.