La Profecía de Miqueas
Miqueas fue un profeta que vio a la iglesia a través de los ojos de Dios, y esto hizo que su alma se lamentara y gimiera. Él veía en el Espíritu lo que Dios veía: los profundos y atroces pecados del pueblo, sus pastores y líderes. Vio idolatría, una iglesia ramera que ganaba el salario de una ramera.
“Por esto, lamentaré y aullaré, andaré despojado y desnudo… Porque su llaga es dolorosa, y llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén” (Miqueas 1:8-9). El lamento de Miqueas va aún más lejos. “…pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén… porque en vosotros se hallaron las rebeliones de Israel” (Miqueas 1:12-13).
Miqueas vio una enfermedad incurable entre el pueblo de Dios y un juicio ineludible. Observa lo que Dios llama rebelión y descubre la causa de su controversia con ellos:
1. Un nuevo plan de codicia urdido por siervos mercenarios de Dios,
relacionado con el dinero, las propiedades y el éxito.
2. Un énfasis en el yo: “¡Ay de los que… maquinan el mal… porque tienen en
su mano el poder! Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman; oprimen al hombre y a su heredad…” (Miqueas 2:1-2).
3. Rechazan las advertencias del profeta y dicen al pueblo que predicar juicio
no es de Dios, que es contrario a su carácter. “No profeticéis, dicen a los que profetizan… ¿se ha acortado el Espíritu de Jehová?” (Miqueas 2:6-7).
Los falsos profetas y pastores ladrones le ordenaron a Miqueas que se callara, diciendo cosas como: "¡No prediques tanto juicio! Somos el pueblo de Dios; él nos ama. No habrá juicio sobre nosotros". La interpretación literal significa: "¡Déjalo! Deja de decir este mensaje de juicio sobre el pueblo de Dios. Deja de reprochar a la gente buena. Esto no es de Dios".
Escuchen la respuesta de Miqueas a estos falsos seguidores: "No les profeticen, porque no les alcanzará vergüenza… ¿No hacen mis palabras bien al que camina rectamente?" (Miqueas 2:6-7). En otras palabras, si este mensaje no se predica, el oprobio de este lugar nunca se revertirá.