La Obra del Espíritu Santo
El cambio es exclusivamente obra del Espíritu Santo. Nosotros, sencillamente, no podemos cambiarnos a nosotros mismos. Solo el Espíritu de Dios puede transformarnos a la gloriosa imagen de Cristo. Todos hemos oído decir: “Cuando alguien se convierte al Señor, Dios le quita el velo de los ojos”. Esa es únicamente obra del Espíritu.
También leemos: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). La palabra “libertad” aquí significa dejar de ser esclavos; estar exentos de responsabilidad; ser libres, no estar encadenados. Esto describe la libertad que viene cuando se nos abren los ojos. De repente, vemos las cosas con una nueva perspectiva. Solo el Espíritu Santo puede derribar nuestra forma de ver las cosas de toda la vida, transformarnos y guiarnos por el camino correcto.
En resumen, la transformación de la que habla Pablo aquí significa confiar plenamente en el Espíritu de Dios. También significa apartarse de todo consejo antibíblico, de todas nuestras propias ideas y planes, y clamar únicamente al Espíritu Santo para que nos guíe.
Pablo experimentó una transformación similar. En Hechos 9, cuando aún se le conocía como Saulo, iba por mal camino, rumbo a Damasco para perseguir a los cristianos. ¡Vaya ceguera! Saulo creía que le hacía un favor a Dios al arrestar y encarcelar a los creyentes.
El Señor intervino en la vida de Saulo y provocó una crisis. Cuando Jesús se encontró con Saulo en el camino a Damasco, lo iluminó con una luz tan potente que lo cegó. Saulo tuvo que ser llevado a una casa en Damasco, donde permaneció hasta la llegada del piadoso Ananías. Ananías le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista…” (Hechos 9:17-18).
Saulo entregó su pasado, su futuro, todo al Espíritu Santo, e inmediatamente se le quitó el velo de los ojos. Así también, entreguémonos completamente al Espíritu Santo, confiando solo en él para que quite todo velo y nos transforme a la imagen de Cristo.