La Manifestación de Su Presencia

David Wilkerson

Moisés buscó a Dios para una manifestación continua de su presencia: ”Ahora pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca y halle gracia ante tus ojos…” (Éxodo 33:13). Y Dios le respondió: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso” (Éxodo 33:14).

La petición de Moisés sería suficiente para la mayoría de los creyentes. Todos anhelamos la presencia de Dios guiándonos, orientándonos, empoderándonos y bendiciéndonos. En realidad, ¿qué más podría desear un creyente? Sin embargo, tener la seguridad de la presencia de Dios no le bastó a Moisés. Él sabía que había más, y clamó: “Te ruego que me muestres tu gloria” (Éxodo 33:18).

Dios sí le mostró a Moisés su gloria, pero no apareció en una nube luminosa ni en una demostración de poder trascendental. No, Dios expresó su gloria en una simple revelación de su naturaleza: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado…” (Éxodo 34:6-7). La gloria de Dios fue una revelación de su bondad, misericordia, amor y compasión.

He oído a muchos cristianos decir: “¡Oh, cómo descendió la gloria de Dios en nuestra iglesia anoche! Hubo una alabanza increíble, y la gente fue derribada por el Espíritu”. Eso no prueba una manifestación de la gloria de Dios. No tiene nada que ver con Dios más allá de las emociones humanas. No incluye una revelación de quién es él.

Algunos podrían argumentar: “Pero, ¿qué hay de la experiencia de los discípulos en el Monte de la Transfiguración? ¿No fue esa una manifestación de la gloria de Dios? Hubo una luz sobrecogedora y la aparición milagrosa de Moisés y Elías”. La gloria de Dios no residía en Moisés, Elías ni en la luz espectacular. Más bien, su gloria residía en Jesús. De hecho, Jesús es el cumplimiento de todo lo que Dios le dijo a Moisés: misericordioso, clemente, paciente, abundante en bondad y verdad, que guarda misericordia para millares, que perdona la iniquidad y la transgresión de los pecados. Ahora el Señor dice: “Aquí está una imagen viviente de mi gloria. ¡Toda ella está encarnada en mi Hijo!“

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