La Fuente de Nuestra Victoria
Como cristianos, sabemos que Jesús obtuvo la victoria por nosotros en el Calvario. Derrotó a la muerte, a Satanás y al poder del pecado. La pregunta que queda para los creyentes es: “¿Y ahora qué? Yo sé que Jesús obtuvo mi victoria en la cruz, pero ¿qué pasa con mi conflicto actual? ¿Dónde está su victoria en la batalla que se libra en mi vida ahora mismo?”
Es una pregunta importante, y la Palabra de Dios contiene una respuesta para cada cristiano. Comienza con esta escena: “Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá” (1 Samuel 17:1). Esta imagen presenta una verdad espiritual inmutable: las fuerzas de la oscuridad se alían contra el pueblo de Dios.
Cuando Jesús se convirtió en tu Salvador, él te hizo una nueva creación, y aunque tú cambiaste, el mundo no. Hay poderes que se alían contra ti; el mundo, el diablo e incluso tu propia carne; luchan contra tu espíritu.
A veces, tus batallas con estas fuerzas son externas: ataques a tu matrimonio, tu economía y tus hijos. A veces, son internas. Te atormentan las preocupaciones: “¿Entregará mi hijo alguna vez su vida al Señor? ¿Soy siquiera digno de llamarme cristiano?”.
Todas estas presiones nos empujan a la duda y la desesperación, haciéndonos preguntar: “¿Dónde está Dios en todo esto? No puedo verlo más allá de mis batallas diarias”. A veces, clamamos: “¡Basta!” y marcamos un límite. Nos decimos: “Estoy cansado de que el enemigo me golpee”, pero el diablo sigue cruzando esa línea.
Esto le sucedió a Israel al enfrentarse a los filisteos. “Los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos” (1 Samuel 17:3). ¿Detuvo eso al enemigo? En absoluto. Los filisteos sacaron un arma aún mayor: Goliat, un gigante.
David sabía que no era rival para Goliat, pero también sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Al oír las burlas de Goliat, él testificó: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza… y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel… porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1 Samuel 17:46-47).
Recuerda, la victoria espiritual nunca es nuestra; ¡viene de nuestro libertador!