Guarda Tu Candelero
En Apocalipsis, Cristo nos da una palabra que nos advierte que prestemos atención. Él dice: “Arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5).
Jesús está diciendo que, a menos que nos arrepintamos, él quitará toda la autoridad espiritual que se nos ha dado. Esto incluye nuestro impacto en nuestra ciudad, nuestra comunidad y cualquier persona dentro de nuestra esfera de influencia. Toda la influencia que tenemos nos será quitada.
En este momento, iglesias en todo el mundo están cerrando sus puertas. Sus luces literalmente se están apagando porque ese es el juicio que enfrentan por negarse a arrepentirse. Dios dijo que perderían su discernimiento, sus bendiciones espirituales, sus finanzas y su misma presencia. Ahora están muertas, sin vida, con solo recuerdos de sus bendiciones pasadas.
Muchas iglesias alrededor del mundo estuvieron alguna vez llenas de creyentes celosos, pero hoy apenas unas pocas docenas de personas se sientan en sus bancas. Pronto disminuirán hasta desaparecer, y sus puertas se cerrarán definitivamente. Dios ha escrito “Icabod” sobre sus puertas, lo que significa: “¡La gloria de Jehová se ha apartado!”
Dios da este mismo mensaje a cada cristiano de manera individual. Él dice: “Si te niegas a arrepentirte, si permaneces en tu apatía, entonces quitaré tu candelero. Ya no tendrás ninguna influencia sobre tu familia, tus compañeros de trabajo ni sobre nadie”.
Sin embargo, aun al leer estas palabras, no debemos temer. Jesús termina su exhortación de esta manera: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7).
Amados, ¡Jesús es ese árbol! Él nos está diciendo: “Si te arrepientes, te daré vida constante de mi propio ser. Mientras continúes amándome, proveeré un flujo de vida sobrenatural en ti. Esta vida se manifestará en tu discernimiento, tu amor por las personas y tus buenas obras para mi reino”. El Espíritu de Dios comenzará a producir en ti una nueva revelación de la gloria de Cristo, y la hará evidente a todos los que te rodean.