Fe y Acción

Gary Wilkerson

Cuando el apóstol Pedro fue liberado milagrosamente de la prisión (ver Hechos 12:7-11), fue a la casa de oración para informar del milagro a quienes intercedían por él. Mientras Pedro tocaba a la puerta, el grupo seguía orando fervientemente dentro. No tenían idea de lo efectivas que habían sido sus oraciones por su hermano.

De hecho, las Escrituras dicen que sus oraciones eran “fervientes”, es decir, que se aferraban a Dios y no se daban por vencidos. Este es el tipo de oración a la que Cristo llama a su iglesia. Es perseverante y apasionada por ver a un ser querido, un amigo o incluso una ciudad liberada.

Sin embargo, algo interesante ocurrió cuando estos creyentes supieron que sus oraciones habían sido contestadas: ¡No lo creyeron! Una sirvienta les dijo que Pedro estaba en la puerta. “Cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!” (Hechos 12:14-15). Al parecer, creían que Herodes ya lo había matado.

Dios se dedica a liberar. Hace lo imposible con una sola palabra, y cuando libera a las personas, éstas son verdaderamente libres. Quizás hayas notado algo en tu vida que sucede cuando luchas con un problema. Dios te abre las primeras puertas y luego te deja la última para que la abras por fe. Él abrió puertas sobrenaturalmente para Pedro, pero esta última requirió fe y acción.

¿Por qué hace esto el Señor? Él sabe que incluso con nuestras oraciones más fervientes, aún podemos albergar un pequeño resquicio de incredulidad en nuestros corazones. Sí, Dios es soberano en su poder, pero quiere que su esposa participe en sus obras de redención. Cada obra genuina de Dios a lo largo de la historia ha requerido que hombres y mujeres se pongan de pie y digan: “Quiero ser tomado en cuenta. Puede que yo sea débil o tímido, pero Dios honra a quienes actúan con fe”.

Sí, todo comienza con la oración. La oración ferviente y eficaz mueve a Dios a abrir las puertas de hierro y liberar a los cautivos. La historia de Pedro lo deja claro, pero también muestra que, si no actuamos con fe para abrir esa última puerta, algunos cautivos permanecerán afuera. Amigo, ¡la última parte de la oración ferviente es la acción fiel!

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