Entregado a la Muerte

David Wilkerson (1931-2011)

En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro declaró a la multitud en Jerusalén: “Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (Hechos 2:22-23)

¿Qué quiso decir Pedro con esto? Un diccionario griego traduce sus palabras así: “Jesús fue entregado a sus enemigos, entregado a la muerte según el plan predeterminado de Dios”.

¡Qué acto tan extraño e incomprensible por parte de un supuesto Padre celestial amoroso! ¡Dios entregó deliberadamente a su Hijo a la muerte! Fue como si deliberadamente hubiera dejado a Jesús en manos de sus peores enemigos y le hubiera dicho: “Aquí tienen a mi Hijo. Hagan con él lo que quieran”. Luego se quedó de brazos cruzados, sin hacer nada para impedir que los malvados enemigos de su Hijo lo mataran.

¿Qué clase de plan predeterminado era este? ¿Por qué entregaría Dios a su amado Hijo a la muerte? Pedro nos da la respuesta en el siguiente versículo: “…por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hechos 2:24).

Dios sabía que era imposible que Jesús estuviera permanentemente en las garras de la muerte. Así que no corría ningún riesgo al entregar a su Hijo a la muerte, porque sabía que Jesús saldría de la tumba como un glorioso vencedor sobre la muerte, resucitado por el poder vivificante del Espíritu Santo. 

Sin embargo, es importante comprender la época en la que Pedro pronunció estas palabras. Hasta el Calvario, la muerte era algo muy temible para la humanidad. Seguía siendo dominio del diablo, bajo su dominio y señorío, y por lo tanto un enemigo temible.

Dios sabía que este poder de la muerte tenía que ser quebrantado, y por eso entregó a su Hijo a la muerte. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Dios quería quitar el aguijón de la muerte, quebrantar el poder de Satanás sobre ella de una vez por todas, así que permitió que Jesús descendiera a la muerte para absorberla.

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