Elevados en Oración

David Wilkerson (1931-2011)

“Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8). La palabra griega para “abrumados” en este pasaje significa “cargados pesadamente, gravemente aplastados”. Pablo les decía a estos creyentes: “Nuestra crisis fue tan grave que casi me aplasta. Pensé que era mi fin”.

Cuando Pablo dice que estaba tan agobiado que perdió la esperanza en la vida, podemos saber que realmente tocó fondo. En otros pasajes, él minimiza sus sufrimientos. Recordemos cómo simplemente se sacudió una serpiente venenosa que se le había adherido a la mano. Naufragó tres veces, pero solo lo menciona de pasada para enfatizar un punto. Pablo fue golpeado, robado, apedreado y encarcelado, pero a pesar de todo, nunca se quejó.

Sin embargo, el apóstol estaba al borde del agotamiento total. Creo que esta “angustia” que padecía era angustia mental. No podemos saber con exactitud cuál era la angustia de Pablo, pero 2 Corintios 7:5 nos da una pista: “Cuando llegamos a Macedonia, nuestros cuerpos no tuvieron descanso, sino que nos veíamos atribulados por todas partes. Por fuera había conflictos, por dentro, temores”.

Creo que Pablo se refería al dolor que causaba a las personas a las que ministraba. Falsos maestros en Corinto habían intentado poner a la gente en su contra. Ahora Pablo temía que su rebaño rechazara su mensaje y siguiera a hombres que no velaban por su bienestar.

Se consoló con la llegada de Tito, quien le trajo buenas noticias acerca de sus amados hijos en Corinto. Pablo escribe: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no solo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aún más” (2 Corintios 7:6-7).

Al igual que Pablo, yo he sentido esta angustia. A veces, las palabras de las personas a las que he amado y ayudado me han dolido profundamente. En esos momentos difíciles, son las oraciones de los santos las que me han dado fuerzas para seguir adelante.

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