El Llamado a Dar
La noche de la Última Cena, Jesús concluía su última conversación con sus discípulos. Todo lo que dijo aquella noche lo dijo sabiendo que pronto los dejaría. Finalizó la reunión con una oración alentadora sobre el futuro. La Iglesia vencería y triunfaría, y su amor mutuo sería un testimonio para el mundo. Su poder y autoridad divinos fluirían a través de sus seguidores, y la gloria del Padre reposaría sobre su pueblo; todo esto lo daría Jesús a su Iglesia por medio del Espíritu Santo.
Pensemos en lo que Jesús ya había hecho. En tres años de ministerio, había sanado a los enfermos, devuelto la vista a los ciegos, resucitado a los muertos, alimentado milagrosamente a multitudes, predicado las buenas nuevas a los pobres y enseñado a las masas la verdad sobre su Padre celestial. Esta es una lista asombrosa de logros del Hijo por su obediencia a la voluntad del Padre.
Cristo deja claro que todo esto fue resultado de la generosidad del Padre. En su oración en Juan 17, la palabra “dar” aparece más que ninguna otra. “Padre, tú me has dado… tú se los has dado… yo se los he dado”. En tan solo 26 versículos, Jesús usa esta palabra diecisiete veces.
Lo primero que notamos en esta asombrosa oración es la frecuencia y generosidad con que el Padre da. Es su naturaleza dar buenos dones a sus hijos. Él enumeró todo lo que le daría a su Hijo cuando lo enviara: “Te daré el poder y la autoridad de mi nombre. Te daré los pueblos de la tierra. Te daré palabras para hablar y obras para realizar. Te daré mi gloria”.
A su vez, vemos que Jesús tiene la misma generosidad que su Padre. Su oración relata todo lo que Cristo ya había dado a sus discípulos y todo lo que seguiría dando. Este pasaje resalta poderosamente la generosidad que reside en el corazón de Dios.
En cierto sentido, Jesús les dio a sus discípulos su última voluntad y testamento aquella noche. Él decía: “Yo establecí mi reino mediante la generosidad. Así es como quiero que mi reino continúe a través de ustedes”. Lo último que les dio a sus seguidores fue un llamado particular: ¡el llamado a dar!