El Evangelio de Amor y Verdad
Si hay dos conceptos que se encuentran bajo ataque más que cualquier otro en nuestra cultura, son el amor y la verdad. Sin embargo, no son estos conceptos los que se encuentran bajo ataque, sino Cristo, porque Cristo es amor y Cristo es verdad.
Lo que debemos comprender es que la verdad y el amor están inextricablemente unidos. Son inseparables. Si crees que puedes amar sin la verdad, te equivocas. El apóstol Pablo dijo: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15). Debemos comprender y recordar que la verdad es amor.
A veces, el amor es aliento. A veces, es corrección y reprensión. A veces, el amor se trata de decir "no". Sin embargo, en la economía de Dios, amar es hacer lo correcto por alguien, sin importar el costo personal. Amar no es tolerancia. Es no ceder ante los pecados de los demás.
Cuando alguien dice: “¿No conducen todos los caminos a Dios?”, el amor es mirar a esa persona con la mayor compasión y humildad, y responder: “Jesús es el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por él” (Juan 14:6). ¡La verdad es amor!
El apóstol Pablo escribe a los Gálatas: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente… Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios?… Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:6-10).
En estos versículos, Pablo deja en claro que, si malinterpretamos el evangelio, lo malinterpretamos todo. Como cristianos, debemos proclamar toda la verdad. No hay Evangelio sin predicar el pecado y el arrepentimiento, sin hablar del cielo y el infierno.
El Evangelio no se trata de personas buenas que se esfuerzan por ser mejores. Se trata de estar muertos en pecado y transgresión, y ser resucitados sobrenaturalmente por Jesucristo mediante el poder de su Espíritu. Es un renacimiento espiritual que se logra mediante la fe en Cristo, y debemos presentarlo en su plenitud.